Cuando se habla del descifrado de Enigma se piensa en Bletchley Park, en Turing y en los matemáticos polacos. Pocos saben que España aparece dos veces en esa historia: primero como banco de pruebas involuntario —las máquinas que la Alemania nazi trajo a nuestra guerra civil dieron a los británicos su primer mensaje roto— y después por medio de siete españoles del llamado Equipo D, que trabajaron codo con codo con Rejewski, Różycki y Zygalski en Francia. Esta es la historia, tal como se narra en el capítulo 10 del libro; aquí, sus líneas maestras.
Las Enigma de la guerra civil
Durante la guerra civil española (1936-1939), la Alemania nazi suministró máquinas Enigma a la Legión Cóndor y a las fuerzas franquistas. Eran versiones modificadas de la Enigma K, el modelo comercial, más sencillas que la militar que Alemania emplearía después. Y precisamente aquella simplicidad resultó decisiva para los Aliados: el tráfico cifrado en España proporcionó a los criptógrafos británicos su primer banco de pruebas real con mensajes Enigma.
Con esas interceptaciones, el criptoanalista Dilly Knox —que llevaba años atacando el sistema sin éxito— logró descifrar el primer mensaje de Enigma en abril de 1937, antes incluso de que estallara la Segunda Guerra Mundial. Los errores de los operadores españoles hicieron el resto: ofrecieron a los británicos una ventana al sistema que ningún manual teórico podía dar. Los propios criptógrafos reconocerían después que «el problema de los agregados militares españoles fue enormemente instructivo»: un excelente ejemplo de cómo no debía usarse una máquina de cifrar.
Un comisario fuera de serie
El protagonista humano es Faustino Antonio Camazón Valentín (Valladolid, 1901 — Jaca, 1982), comisario de policía y políglota dotado para los idiomas, jefe de los servicios técnicos de criptoanálisis de la República durante la guerra civil —en el DEDIDE primero y en el SIM después—. Ya entonces conoció la existencia de Enigma —los alemanes habían entregado ejemplares a la Legión Cóndor— y transmitió esa información a los servicios franceses a cambio de datos para la República.
Terminada la guerra y exiliado en Francia, internado en un campo de concentración, consiguió hacer llegar una carta al Deuxième Bureau —el servicio de inteligencia francés dirigido por el comandante Gustave Bertrand—. Bertrand conocía su valía: lo liberó a cambio de que trabajara para Francia, y Camazón puso una condición propia —que liberaran también a otros seis españoles en su misma situación—. Nació así el Equipo D: cinco oficiales y dos comisarios republicanos procedentes, en su mayoría, del servicio de inteligencia del Estado Mayor. Sus nombres completos permanecieron clasificados en los archivos franceses más de setenta años; hoy se conocen todos, y su recuperación forma parte del propio capítulo del libro.
Hablando en Enigma con Londres
El Equipo D se integró en el PC Bruno, el centro franco-polaco de descifrado instalado cerca de París donde trabajaban los tres matemáticos que habían roto Enigma por primera vez. La cooperación con Bletchley Park tenía un toque de ironía sublime: ambos centros se comunicaban entre sí cifrando sus mensajes con la propia Enigma, la máquina que Alemania consideraba inquebrantable. En marzo de 1940 llegaron a leer mensajes alemanes «en tiempo real» —a veces tan rápido como sus propios destinatarios—.
La misión del Equipo D combinaba frentes: códigos manuales italianos y españoles, la Enigma comercial vendida por Alemania a ambos países, y una pregunta que obsesionaba a los Aliados: si España entraría en la guerra junto al Eje. Cuando el avance alemán disolvió Francia en junio de 1940, el trabajo continuó en un nuevo centro en la zona libre (el PC Cadix, en Uzès) hasta finales de 1942. Y la peripecia individual da todavía para más: Camazón acabó incorporado al equipo de Alan Turing en Bletchley Park.
El anonimato y las dos máquinas
Camazón regresó a España en 1968 y murió en Jaca en 1982 sin que su familia conociera el alcance real de su guerra. El reconocimiento llegó tarde: el documental «Equipo D: los códigos olvidados» (2019) rescató su memoria, y la desclasificación de archivos sigue abriendo capítulos nuevos. Quizá el legado más simbólico sean las propias máquinas: el Reino Unido obtuvo que dos Spanish Enigma le fueran cedidas en depósito permanente —una se expone en el GCHQ y otra en Bletchley Park—.
La historia completa —con la tabla de los siete miembros, las evacuaciones, la travesía de los criptógrafos polacos por España y todas las fuentes citadas— está en el capítulo 10 de «La Decodificación de Enigma» (Fidel García).
¿Quiere saber cómo funcionaba la máquina que todos estos personajes perseguían? Tiene el artículo «¿Cómo funcionaba la máquina Enigma?» y puede probarla directamente en el emulador.